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LOS DESALOJADOS POR EL INCENDIO EN GASCÓN DE GOTOR SIGUEN FUERA DE SUS CASAS

Más de un mes después del incendio que les echó de sus casas, los tres vecinos del número 3 de la calle de Gascón de Gotor siguen fuera de ellas. En los últimos 50 días, los desalojados (que tienen entre 74 y 90 años y son titulares de alquileres de renta antigua) solo han podido volver al edificio un par de veces para recoger algunas de sus cosas.

Pero llevar más de un mes fuera del que ha sido su domicilio durante varias décadas y tener allí todas sus pertenencias no es lo que más les duele: los tres denuncian que la propiedad todavía no ha ejecutado ninguna obra de reparación y señalan que no les han ofrecido un realojo digno, una circunstancia que les obliga a vivir en casa de sus familiares.

Ante esta coyuntura, los vecinos Inmaculada Romeu, Tinita Fabián y Francisco Iguaz, que no han dejado de pagar sus cuotas de alquiler, han decididio movilizarse. Por un lado, el miércoles solicitaron una reunión con el concejal de Urbanismo, Pablo Muñoz, para pedirle que el Ayuntamiento, de forma subsidiaria, ejecute las obras en el edificio y después exija lo que corresponda a la propiedad, la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (más conocida por su acrónimo Sareb o por el nombre de ‘banco malo’). También trasladaron al Justicia de Aragón un informe de 27 páginas elaborado por ellos mismos en el que detallan su situación. En ambos casos, están a la espera de conocer el resultado de sus gestiones.

“Acababa de arreglar el piso cuando se produjo el incendio. Estaba todo nuevo. He podido sacar solo algunas cosas”, lamenta Tinita Fabián, de 74 años y que llevaba 47 viviendo en la finca. Desde que se produjo el incendio, reside en el piso de un sobrino que vive fuera de España. “Si no hubiera tenido esta opción, me tendría que haber alquilado algo”, comenta apesadumbrada Tinita, que señala que la propiedad no se ha preocupado por ella en estas semanas.

El mismo relato traslada Inmaculada Romeu, que vivía desde 1982 en uno de los principales del edificio junto a su madre, de 90 años. Esta mujer llevó a la Sareb a los tribunales por su actitud tras el incendio y aunque la demanda penal ha sido desestimada, su abogada piensa recurrir. “La propiedad no nos ha llamado desde marzo, y eso que les he escrito puntualmente para comentarles los problemas que tenemos”, dice Romeu.

Sin alternativas de realojo

Porque además de estar fuera de sus viviendas, estos vecinos han tenido que ver cómo los okupas sortearon la puerta metálica que instaló la propiedad seis días después del incendio para evitar, precisamente, que personas ajenas se introdujeran en la finca. “Accedieron por el principal que estaba vacío y luego consiguieron forzar la puerta del portal y entrar y salir a sus anchas”, comenta la mujer. Esta circunstancia generó mucho estrés en los vecinos y sus familias, pues la mayoría de sus bienes (muebles, electrodomésticos, menaje, recuerdos familiares, etc.) permanecen en sus viviendas.

Fuentes de la Sareb reconocieron a este diario que la primera puerta antiokupas se instaló el 27 de marzo y que el 25 de abril se volvieron a “asegurar los accesos”. En esta ocasión se instaló una puerta más recia y se pusieron chapas metálicas en los pisos más accesibles desde la calle. Desde el banco malo también explicaron que, a finales de abril, la compañía aseguradora acudió al inmueble “para realizar una peritación y un informe técnico”. Sobre la situación de los vecinos, puntualizaron que han “iniciado” conversaciones con ellos para darles opciones de realojo “que actualmente están estudiando”.

Los vecinos reconocen que les han dado alternativas, pero ninguna es “habitable”. “A mí me han llegado a ofrecer un piso con humedades y otro con un ascensor en el que no cabía la silla de ruedas de mi madre”, detalla Inmaculada Romeu. “Solo pedimos que, cuanto antes, se realicen las obras para poder volver a nuestras casas. Estamos dispuestos a pagar la cantidad que nos corresponda por los arreglos, no queremos nada gratis”, añade la mujer.